Este texto tratará de ilustrar mediante un fragmento del libro El señor de los anillos cómo el recuerdo existe para consolar el hecho de estar lejos de un lugar o un momento que posee cierto grado de perfección.
El fragmento recoge la ocasión en la que la comunidad del anillo (un grupo de compañeros con la misión de acompañar a Frodo a destruir el anillo) llega a Lothlórien (bosque en donde estaban asentados cierto grupo de elfos y donde se encontraban Galadriel y su marido). En este sitio, todos los huéspedes (el enano, los hobbits y el humano) fueron bienvenidos; a todos se les llamaba por su nombre; incluso los máximos gobernantes (como la dama Galadriel) querían ver a los visitantes y conocían algo de la biografía de cada uno de ellos, por lo que ninguno se sentía desconocido. En Lothlórien, los visitantes participaban de almuerzos, conversaciones, historias y canciones; inclusive recibieron regalos y buenos deseos por parte de las más altas autoridades. La comunidad del anillo, había sido bien acogida en el lugar.
En este lugar había jardines, fuentes, cascadas y luz del sol. Era un paraje donde al dormir los ruidos del exterior no perturbaban y donde las pesadillas no existían. En cierto momento, como en todo lugar de elfos, se comentó que en Lothlórien parecía que no existiese el tiempo; no se hallaba si quiera un sentimiento de que los días transcurrieran y por lo tanto, tampoco la sensación de envejecimiento. No obstante, los días de la comunidad en el lugar estaban contados.

Cuando llegó el día de decirle adiós a estas tierras hubo tristeza y cierta nostalgia entre la comunidad. Legolas (un elfo perteneciente a la comunidad del anillo), trató de consolar a Gimli (un compañero que decidió continuar con la misión y dejar Lothlórien), mencionándole que al menos tendría el recuerdo de aquel lugar; sin embargo, Gimli hace una salvedad (leer sobre todo la segunda imagen):


El punto del enano se relaciona a que no basta el recuerdo para consolar al espíritu que se aleja de una maravilla. De alguna manera el recuerdo es un consuelo, mas uno no quiere vivir eternamente con el consuelo, sino con aquello que éste quiere emular.
Se puede pensar en el álbum de fotos, donde se encuentran imágenes de sucesos de la vida en los cuales quizá había más familiares, o en los que hubo mucha alegría. La fotografía es un método que ayuda a que los recuerdos no perezcan. Cada vez que se ve una fotografía, hay ciertas ganas de revivir el momento. Por tanto, así como dice Gimli en cierta forma, los recuerdos no bastan. El ser humano anhela permanencia; donde no haya nada que se quede atrás, y que todo lo bueno y bello continúe con uno. Que todo el bien que se pueda tener esté en acto y no en potencia.
Cuando se ama a una persona y se quiere un lugar o un momento, no es suficiente el recuerdo, sino que el corazón sueña con un reencuentro. Esto se relaciona a la alegoría de la caverna de Platón, en la cual se argumenta que lo mejor no son las sombras de las cosas, sino las cosas mismas; la verdad. Nadie nunca se imagina viviendo lejos de lo amado. La mayor alegría no es el sueño, sino la llegada o el volverse a encontrar; el arribar o volver al lugar donde residía algo de perfección y por tanto plenitud.
Las personas buscamos asentarnos en un lugar en el cual no haya miedo, envidia, violencia, etc., así como la comunidad del anillo, se desea paz y acogida. Se desea una senda firme en la que se pueda caminar, paisajes a los cuales admirar y espacios para habitar. Todo esto muestra que el ser humano anhela belleza y permanencia. En el primer libro de la Biblia se comenta cómo Dios no solo se ocupó de crear todo lo necesario para el hombre, sino también de que la creación resultara atractiva para este:
Plantó después Yavé Dios un jardín en Edén, al oriente, y en él puso al hombre que había formado. Hizo Yavé Dios germinar del suelo toda clase de árboles agradables a la vista y apetitosos para comer, además del árbol de la vida, en medio del jardín…(Génesis 2: 8-10)
La cita comenta que el Edén era un lugar perfecto y agradable, en el cual uno quisiera habitar por siempre. Hay en nosotros un anhelo de permanencia y perfección en todo aspecto. No queremos que las cosas tengan un fin, no queremos extrañar. Hay un deseo de involucrarse con lo bello y que al mismo tiempo este dure por siempre. Se podría decir que estamos inmersos en un mundo donde los momentos y las distintas criaturas perecen; por eso que solo aquí la nostalgia se hace patente. Juan Luis Lorda cuando trata el tema de la experiencia estética («la respuesta espontánea, que surge desde lo más hondo, ante la presencia de lo bello») (Lorda, 2009), comenta las distintas manifestaciones de la persona ante esta realidad, y una de esas es que:
Aparece una cierta nostalgia, que queda como huella de la experiencia. La contemplación de lo bello deja buen sabor de boca y al mismo tiempo, el desencanto de volver a lo normal; como si hubiéramos vivido por unos momentos en un mundo mejor.
(Lorda, 2009)
El hecho de extrañar evidencia la naturaleza humana y sus ansias de eternidad. En la Iglesia Católica consideramos que habrá una tierra nueva luego del juicio final. Y es en esta tierra nueva donde se encontrará toda perfección y donde los anhelos que tenemos serán llenados. En el libro de Apocalipsis se menciona que todo será renovado, tanto el cielo como la tierra y que Dios morará con los hombres. En este mundo nuevo no habrá nostalgia, pues justamente es bello y permanente al mismo tiempo. Se comenta en el libro ya mencionado:
Y oí venir del trono una gran voz que decía: <<He aquí la morada de Dios con los hombres; él habitará con ellos, ellos serán su pueblo, y Dios mismo morará con los hombres. Se enjugará toda lágrima de sus ojos y no habrá más muerte, ni luto, ni clamor, ni pena, porque el primer mundo ha desaparecido>>.
(Apocalipsis 21: 1-4)
El ser humano en la tierra nueva habitará con la perfección, de tal modo que no habrá ya ningún tipo de miedo, nostalgia u otra manifestación de una naturaleza mortal. Todo lo bueno se tendrá para siempre, porque lo bueno estará presente en su plenitud, la cual es eterna. De esta manera, quien cree, no ve el futuro con desesperanza, ni vive con nostalgia, pues sabe que lo mejor todavía está por llegar. Por tanto, esos deseos profundos del ser, se cumplirán. No estamos hechos para recibir consuelos o migajas.
La perfección va unida a la eternidad
Reflexión en su mayoría escrita el 30-07-2024
Referencias:
Tolkien, J. R. R. (2018). El Señor de los anillos. La Comunidad del Anillo. (Obra original publicada 1954)
Lorda, J. L. (2009). Humanismo: los bienes invisibles.
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