Donde siempre somos pensados y esperados.

Waterhouse, John. (1912). Penélope y los pretendientes.

Escena de la película Khabi Kushi Kabhie Gham.

Esta película (que se muestra en la imagen de arriba), ayuda a comprender el significado del hogar. El hijo mayor de la familia, Rahul, se había ido de su casa y no volvió hasta después de diez años, y esto porque su padre (de nombre Yash), en un momento de enojo debido a que Rahul quería casarse con una mujer de diferente estrato económico y social, le dijo que que no lo quería volver a ver y que ya no era su padre. De esta forma, Rahul vivía alejado y con cierta tristeza permanente, pues pensaba que en aquel lugar del mundo que él amaba, su primer hogar, él no era amado (al menos por su padre) y vivía como si no hubiese tenido aquel hogar; es decir, tratando de olvidar sus orígenes familiares.

Luego de esos diez años, por cosas de la vida, el hijo regresa a su pueblo e ingresa a ciertos ambientes de su casa esperando encontrarse solo con su madre. Mientras ocurría eso, su padre estaba en un salón mirando un cuadro de sus dos amados hijos: Rahul y Rohan. De pronto, el hijo acompañado de su madre y su mujer, entran a ese salón. Rahul y su padre tienen un emotivo encuentro y el padre inicia la conversación diciendo «Te tomaste tan en serio mis palabras que te marchaste…», a lo que el hijo responde «¿Cuándo me llamaste, papá?», luego de eso Yash añade algo muy relevante a considerar para entender el significado del hogar: «[…]¿Tengo que llamarte para que vuelvas?». Se sobreentiende que ahí donde están tus padres, por más que no te lo digan quieren verte. Así, Rahul contesta «Creía que no me querías» y su padre finalmente expresa «¿Cómo pudiste pensar eso?… En estos diez años he pensado en ti en cada momento del día». Esto último es específico del hogar; lo cual en muchas familias se evidencia en la oración por ejemplo, en donde no solo se recuerda al hijo, sino que se lo encomienda a Dios, se pide por su protección y santidad, como lo hizo santa Mónica a su hijo san Agustín.

Rembrandt. (1662). El regreso del hijo pródigo.

Mi corazón dio un brinco cuando lo vi. Tras mi largo viaje, aquel tierno abrazo de padre e hijo expresaba todo lo que yo deseaba en aquel momento. De hecho, yo era el hijo agotado por los largos viajes; quería que me abrazaran; buscaba un lugar donde sentirme a salvo. Yo no era sino el hijo que vuelve a casa; y no quería ser otra cosa. Durante mucho tiempo había ido de un lado a otro: enfrentándome, suplicando, aconsejando y consolando. Ahora solo quería descansar en un lugar donde pudiera sentirme como en casa.

Nouwen, 1992

Así, recordar que el hogar está donde uno es esperado, amado, protegido y acogido. Finalmente, como alguna vez se mencionó en un curso acerca de la familia: «en la familia nadie es reemplazable».

Artículo en su mayoría escrito el 7/7/2024

Referencias:

Marín, H. (2019). Mundus: una arqueología filosófica de la existencia.

Nouwen, H. J. M. (2002). El regreso del hijo pródigo: meditaciones ante un cuadro de Rembrandt.


Posted

in

, ,

by

Comments

Deja un comentario