El hogar es el lugar al que se pertenece; es el lugar en el cual no se pide de uno nada más que la presencia. Ante el arribo de un integrante no se espera que llegue con regalos o historias; se espera simplemente su llegada, lejos de lo que traiga. De todas formas, es evidente que a veces se pueda esperar algún detalle o anécdota.
Cuando uno es visita también puede ser muy bien recibido, sin embargo, aún hay diferencias con el hogar. En el hogar aun así no se sepa de la llegada del hijo, hermano o esposo/a, hay un sitio guardado para aquel que no está. La espera es constante, porque el pensamiento acerca del ausente también lo es.
Desde que uno se va del hogar, ya se espera el regreso. Se puede recordar por ejemplo la historia de la Odisea. Penélope, Telémaco y el padre de Odiseo esperaban el regreso. Ulises tenía un lugar al que llegar porque era esperado. El hogar significa que hay un lugar en el mundo que es para uno, al cual pertenecemos; por esto, la inexistencia de un hogar es como estar perdido, no se tiene a dónde llegar. El hogar es el lugar en el que existe amor, por tanto, no se ve a nadie como una carga o molestia.

En la casa de algún familiar o amigo, no se espera a quien no es parte del hogar y si es que se le espera, es porque este ha sido llamado o porque el visitante ha avisado sobre su llegada. En el lugar al que uno pertenece aun así no se avise, se espera el arribo.
En el hogar ningún integrante aburre, no hay un cansancio de ver a alguien pues nadie es visto como huésped o visita; no se considera a los integrantes como agentes de entretenimiento. Cabe mencionar también, que a pesar de que algún integrante del hogar no quiera jugar con otro, no quiera conversar o ayudar, no se le dice «¿Entonces qué haces aquí?». Es claro que surgiría tristeza por las conductas, pero no se lo botaría, ni se pensaría en hacerlo.

Esta película (que se muestra en la imagen de arriba), ayuda a comprender el significado del hogar. El hijo mayor de la familia, Rahul, se había ido de su casa y no volvió hasta después de diez años, y esto porque su padre (de nombre Yash), en un momento de enojo debido a que Rahul quería casarse con una mujer de diferente estrato económico y social, le dijo que que no lo quería volver a ver y que ya no era su padre. De esta forma, Rahul vivía alejado y con cierta tristeza permanente, pues pensaba que en aquel lugar del mundo que él amaba, su primer hogar, él no era amado (al menos por su padre) y vivía como si no hubiese tenido aquel hogar; es decir, tratando de olvidar sus orígenes familiares.
Luego de esos diez años, por cosas de la vida, el hijo regresa a su pueblo e ingresa a ciertos ambientes de su casa esperando encontrarse solo con su madre. Mientras ocurría eso, su padre estaba en un salón mirando un cuadro de sus dos amados hijos: Rahul y Rohan. De pronto, el hijo acompañado de su madre y su mujer, entran a ese salón. Rahul y su padre tienen un emotivo encuentro y el padre inicia la conversación diciendo «Te tomaste tan en serio mis palabras que te marchaste…», a lo que el hijo responde «¿Cuándo me llamaste, papá?», luego de eso Yash añade algo muy relevante a considerar para entender el significado del hogar: «[…]¿Tengo que llamarte para que vuelvas?». Se sobreentiende que ahí donde están tus padres, por más que no te lo digan quieren verte. Así, Rahul contesta «Creía que no me querías» y su padre finalmente expresa «¿Cómo pudiste pensar eso?… En estos diez años he pensado en ti en cada momento del día». Esto último es específico del hogar; lo cual en muchas familias se evidencia en la oración por ejemplo, en donde no solo se recuerda al hijo, sino que se lo encomienda a Dios, se pide por su protección y santidad, como lo hizo santa Mónica a su hijo san Agustín.

Para ir concluyendo, se puede traer a la memoria la parábola del Hijo Pródigo, en la cual el padre siempre esperaba la llegada del hijo porque este era parte del hogar. Este, era el único lugar al que el hijo podía volver para conservar su integridad. El hogar es el sitio en el que somos y nos sabemos aceptados, acogidos y amados, como Jesús lo recalca en esta parábola. Por ello, el hecho de no arrepentirse y buscar el perdón de Dios es apartarse de Él, es cortar un hilo que nos une con el Padre. Apartarse y no volver es no verse como hijo y no verlo a Él como padre.
El sacerdote Henri Nouwen en su libro ´El regreso del hijo pródigo. Meditaciones ante un cuadro de Rembrandt´ (1992), escribe que en 1983 se encontraba en Trosly, un pueblo de Francia, y que había llegado de dar unas conferencias en Estados Unidos acerca de la prevención de la violencia y las guerras; añade que ese viaje lo había dejado intranquilo, necesitado, con sentimientos de soledad y vulnerabilidad. Cierto día va al despacho de una amiga de la comunidad donde él ayudaba y se queda anonadado cuando observa una copia de la pintura de Rembrandt en aquel despacho. De aquella experiencia contemplativa, él menciona:
Mi corazón dio un brinco cuando lo vi. Tras mi largo viaje, aquel tierno abrazo de padre e hijo expresaba todo lo que yo deseaba en aquel momento. De hecho, yo era el hijo agotado por los largos viajes; quería que me abrazaran; buscaba un lugar donde sentirme a salvo. Yo no era sino el hijo que vuelve a casa; y no quería ser otra cosa. Durante mucho tiempo había ido de un lado a otro: enfrentándome, suplicando, aconsejando y consolando. Ahora solo quería descansar en un lugar donde pudiera sentirme como en casa.
Nouwen, 1992
Así, recordar que el hogar está donde uno es esperado, amado, protegido y acogido. Finalmente, como alguna vez se mencionó en un curso acerca de la familia: «en la familia nadie es reemplazable».
Artículo en su mayoría escrito el 7/7/2024
Referencias:
Marín, H. (2019). Mundus: una arqueología filosófica de la existencia.
Nouwen, H. J. M. (2002). El regreso del hijo pródigo: meditaciones ante un cuadro de Rembrandt.
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