Esta nueva reflexión tratará de cómo los elementos inútiles o no funcionales de la arquitectura, en cierta manera engrandecen nuestro espíritu, lo cual está muy relacionado a ver la creación de manera contemplativa, y así apreciarla más allá de su funcionalidad.

Lo inútil o contemplativo no está sujeto a la funcionalidad, por tanto, se espera que su existencia sea muy prolongada. Si se viera a los árboles, por ejemplo, de manera solo utilitaria, veríamos en estos una futura mesa, casa, silla, puerta, etc., por lo que si dejaran de existir quizá no importaría tanto; mas si nuestra visión de los árboles no se centrara solo en lo utilitario sino en lo contemplativo; es decir, admirar su existencia y verla como buena o como una maravilla, sería preocupante si estos dejasen de existir, lejos de que proporcionen objetos. Es por esto, que permanece más tiempo aquello que menos se ve como funcional. Como menciona cierto escrito “Si la apariencia de algo no nos expresara nada (relacionado al contemplar o maravillarse por algo), no nos importaría talar incluso el último árbol con la intención de hacer una nueva carroza”.

Los lugares u objetos decorados, muchas veces se han hecho pensando más allá del tiempo y justamente los lugares sagrados (que suelen tener elementos decorativos) están más allá del tiempo, pues nos invitan a la eternidad. La decoración, considero, enfatiza nuestra dimensión infinita, pues nos sitúa en un ambiente contemplativo. Y en este ambiente no se piensa en las cosas como si fueran a perecer, se las ve de una forma maravillada; además, un lugar decorado o una maravilla, nos coloca en una dimensión más personal; debido a que hay más pensamiento o mayor expresión de un espíritu o mente. Es por esto, por ejemplo, la importancia de la decoración en los espacios sagrados.
Para introducirnos un poco más al tema colocaré una cita del libro El alma del mundo de Roger Scruton:
Scruton, 2014
Las formas constructivas romanas -arco, edículo, columna adosada, pilastra, bóveda y cúpula- se pueden ver como tentativas de conservar la presencia sagrada de la columna en los usos de la vida civil. En ellas vemos la interpretación de lo sagrado y lo secular, y por tanto la santificación de la comunidad humana y la humanización de lo divino. Esa es la fuente de su atractivo y la razón de su durabilidad.
Así, se ve a la decoración o a estos elementos arquitectónicos como fortificadores de aquello que es sagrado. Si la sacralidad solo fuese cuestión de utilidad, o se relacionaría con la utilidad sería casi como un insulto a lo sagrado. Si pensamos en construcciones que nada tienen que ver con lo sagrado, veremos construcciones que no poseen decoraciones o elementos arquitectónicos añadidos como las cúpulas, contrafuertes, etc., pues son lugares meramente utilitarios (como los rascacielos de ciertas compañías). Considero, que la carencia de detalles enfatiza la no sacralidad de un lugar.
De todas formas, que un lugar posea adornos, columnas, frisos, arabescos, no significa que sea sagrado, mas sí pareciera tener un carácter más profundo, interesado en el espíritu del hombre y en lo inmaterial. Esto se puede ver, por ejemplo, en ciertas bibliotecas, museos, universidades, entre otros lugares, que se preocupan por la decoración y que evidentemente son sitios que buscan servir, educar o acrecentar el espíritu de la persona. Lugares donde el fin es que la persona reciba inmaterialidades; donde el sitio busca entregarle algo a la persona sin la intención de que la persona también le entregue algo.

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Para entender mejor la cuestión, Aristóteles en su libro Protréptico, menciona el concepto de lo necesario y lo bueno. Necesario es aquello que se ve como medio, que no se busca por sí mismo, sino que se busca en orden de algo más; aquello que te va a proveer algo que está fuera. El concepto de bueno, por su lado, hace referencia a aquello que es buscado por sí mismo; aquello que buscas sin pensar en otra cosa. Lo bueno es un fin en sí mismo.
Mencionado ya lo anterior, en lo divino, se puede encontrar que todo lo que hay es para contemplar. Cuando me imagino el paraíso, por ejemplo, veo en este árboles, animales y frutos. Sin embargo, no habrá hambre, por tanto, ¿para qué estarían los animales? El oxígeno podría no ser necesario al igual su purificación (pues no moriremos ni enfermaremos), entonces, ¿para qué existirían los árboles? La muerte ya no existirá en el paraíso, por lo que uno podría pensar que ya no existirían necesidades. En ese sentido, considero que en el paraíso las cosas existirían por sí mismas, no como medio de utilidad. La vegetación, los animales, existirán meramente para ser contemplados. Los frutos ya no estarán para proporcionarnos vitaminas, sino meramente para deleitarnos con su sabor. Todo tendrá, creo, una dimensión contemplativa y de embellecimiento. Scruton habla en cierto capítulo de su libro de “la santificación de la comunidad humana”, lo que significa embellecer las construcciones, los alrededores, casas, etc. Es decir, a mi parecer, hacer de esta tierra un lugar que pueda ser contemplado y, por tanto, habituarnos a la contemplación. Esa es la “humanización de lo divino”; trasladar aquel ambiente de contemplación y aprecio que existiría en el paraíso, a la tierra. El decorar ayuda a ver con más cuidado las cosas y así, esperar su permanencia. Según el libro Por qué importa la arquitectura, menciona que Leon Battista Alberti consideraba que la arquitectura y el ornamento civilizaba a las personas y las alejaba de cierto barbarismo. Un pensamiento similar tenía Johann Sulzer:
De la Il·Lustració I de la Modernitat (2005)
La persona, embelleciendo todo lo que
procede de su invención, debe proponerse la misma meta que se
propone la naturaleza misma cuando embellece con tanto esmero
sus propias obras. Corresponde, pues, a las bellas artes revestir,
con adornos, diversos nuestros habitáculos, nuestros
jardines, nuestros muebles y, sobre todo, nuestro lenguaje, la principal
de nuestras invenciones; y no sólo, como tantas personas lo
imaginan equivocadamente, para que tengamos el simple disfrute
de algunos adornos más, sino principalmente con el fin
de que las dulces impresiones de lo que es bello, armonioso y conveniente
confieran un aire más noble, un carácter más elevado a
nuestro espíritu y a nuestro corazón.
Lo utilitario será conservado hasta que deje de servir, mientras que aquello que se ve con ojos contemplativos, no se considerará que en algún momento deba apartarse, pues su conservación no se debe a que sirva en algo.
Texto escrito el 15/05/2024
«Un cometido de la arquitectura es conservar al menos un pedazo de utopía, e inevitablemente esa utopía deja -y es lógico que deje- una marca, despierta añoranzas utópicas y nos llena de sueños de otro mundo mejor»
Karsten Harries
Referencias:
Aristóteles. (2014). Protréptico: Metafísica.
De la Il·Lustració I de la Modernitat, M. V. (2005). Arte, gusto y estética en la Encyclopédie.
Goldberger, P. (2012). Por qué importa la arquitectura.
Scruton, R. (2016). El alma del mundo (R. Serrano, Trad.). (Obra original publicada 2014).

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